Derecho a VIVIR

No voy a decirles que compren los caramelos solidarios promovidos por Acción contra el Hambre (ACH) y la Fundación Diario de Navarra para la emergencia alimentaria en el Sahel, o que realicen aportaciones en las cuentas bancarias habilitadas para la ocasión... Porque, obviamente, ya lo he hecho.

Yo quiero hablarles de Hana. Hana es la protagonista de un cuento infantil didáctico ambientado en Malí, uno de los países del Sahel, sí. A Hana la conocí hace ya unos años, cuando acompañé a ACH a este país para conocer proyectos de cooperación al desarrollo (sobre agricultura, agua potable, educación en salud, etc.) cofinanciados, entre otros, por el Gobierno de Navarra. Entonces no había violencia -qué tristeza cuando leo, veo y escucho las noticias que llegan ahora de allí- y los malienses nos acogieron con los brazos abiertos, igual que lo hicieron años antes, cuando viajé a este mismo país, por primera vez, con un grupo de amigos viajeros. 

Un país maravilloso, con tesoros extraordinarios como el río Níger y su extraña curva, el País Dogón, la legendaria ciudad de Tombuctú y su Biblioteca Andalusí -ahora en peligro...-. Y un país de los más pobres del mundo...

Pienso en ellos ahora. En todos aquellos niños y niñas, como Hana; en todas aquellas mujeres llenas de elegancia y dignidad a pesar de su escasez de recursos y que incluso cantaron y nos hicieron bailar con ellas; en todos aquellos hombres que nos contaban sus proyectos e inquietudes... 

¿Estarán bien? ¿Estarán VIVOS? Porque casi 19 millones de almas en el Sahel africano corren hoy peligro de morir de hambre, desnutrición, epidemias... Y entre ellos 1 millón de niños y niñas con desnutrición aguda severa. 

Lo que leen, sí, UN MILLÓN DE PEQUEÑOS. No sé a ustedes. Pero a mí me duele el alma de sólo imaginarlo. Y me pregunto si vamos a permitir que ocurra, si no vamos a hacer nada. Y pienso en Hana, en las muchas Hanas.




Como la niña de la falda amarilla que vino corriendo cuando nos vio llegar a los "tubabus" (blancos) y me sonrío con todas sus ganas. O como la preciosa pequeña que, en otra aldea, me miraba seria, digna, agachada y apoyada en el árbol. Y la pequeñita que chupaba un trozo de lechuga, mientras su orgullosa madre nos hablaba del huerto comunitario que habían levantado las mujeres del poblado con el apoyo de ACH y de los productos que cultivaba...

A todas ellas las llevo conmigo para siempre, como a tantos otros niños, niñas, mujeres... a los que he ido conociendo en países del Sur. 

Pero ojo, no es pena, ni lástima. El Sahel tampoco. Es, sencillamente, ayudar a respetar un derecho. El derecho que tienen a VIVIR. Todos ellos. 

A VIVIR, sí. Porque es cierto que aquí ahora mismo, con la dichosa crisis, lo estamos pasando muy mal. Muchas personas y familias lo están pasando muy, muy mal, cierto. Pero al menos aquí nadie se muere de hambre. Allí, en cambio, está en juego nada menos que el DERECHO A LA VIDA. 

¿Vamos a dejarles solos, abandonados a su suerte...? 

La solidaridad no puede vivirse sólo en tiempos de bonanza. La solidaridad es siempre y por siempre. La llevamos dentro, aunque no nos demos cuenta. Y podemos darle rienda suelta y echar una mano en cualquier momento. 

Como ahora. Especialmente ahora.

Porque NOS NECESITAN. 

Porque TIENEN DERECHO. 

A VIVIR. 

Ni más, ni menos.




4 comentarios:

Ed dijo...

Absoutamente conmovedor. Aun a riesgo de caer en demagogia, quiero aportar un breve comentario sobre el "derecho a vivir" y cómo nuestra ya tan minada sensibilidad nos hace percibir las cosas. He visto por ahí una descripción gráfica de la magnitud catastrófica que percibimos con el atentado de Nueva York, donde murieron 3.000 personas, o la bomba atómica de Hiroshima que acabó con 40.000. Sin embargo, el hambre mata a 25.000 al día en el mundo. Triste verdad. Me conmueve leer artículos como éste.

Anónimo dijo...

Claro que es conmovedor. Pero al leer el título pensaba que reclamaba este derecho para los cientos de miles de millones de niños que al año no mueren por el hambra o las guerras sino por la decisión de sus madres, que se amparan en un pretendido derecho a elegir. Elegir matar.

Anónimo dijo...

Lo que no puedo es lamentarme por lo que supuestamente tendrían que estar en este mundo, me duelen las víctimas que tienen cara, nombre, padres, hermanos, etc. Que destine parte de sus sucios negocios el Baticano para sacar de la miseria a todas las víctimas y, a las madres que no pueden seguir el embarazo para tener el hijo 10 para que se muera de hambre, también que les ayuden de por vida a mantener ese hijo.

Anónimo dijo...

Te contesto en el siguiente comentario. De cualquier manera creo que tu forma de analizar la vida es por desconocimiento y por no haber estado en situaciones hambruna.
En una ocasión mientras estaba con una hermana de la caridad en un poblado del Guyerat en India viendo el estado tan lamentable en el que se encontraba el personal ne hizo un comentario que no he olvidado después de casi 30 años; Me gustaría ver aquí a todos los que están en contra del aborto. Soy tan creyente cómo tú puedas serlo y te garantizo que no miento en lo que te cuento, también te digo que la vida tiene caminos que no son tan simplistas como los que apuntad.