Ni un paso atrás

Ya me perdonarán, pero los recortes que tienen que ver con el Estado de Bienestar y más en concreto con todo lo referido a lo social y lo solidario y por tanto a los colectivos más vulnerables, me tiene frita. Preocupada. Mosqueada. Indignada. Y últimamente ya alarmada, porque es tal el recorte amontonado que aquí no sólo se está jugando con el sufrimiento diario de miles de personas -personas dependientes y sus cuidadores, ciudadanos con discapacidad, personas en el paro y ya en la pobreza más absoluta...-, sino que, como sigamos así, hasta va a morir gente. Así de claro. 

Pero, ¿es que nadie lo ve? Los políticos y los gestores, ¿no se acuerdan que detrás de las subvenciones y de las ayudas a asociaciones y ONG que trabajan con estos colectivos hay personas con nombres y apellidos? Y el resto de la sociedad, ¿miramos para otro lado porque ya tenemos bastante con nuestros problemas...?

Ya me perdonarán pero la última barbaridad conocida -nos lo cuenta magníficamente mi compañera Laura Puy en el periódico de este jueves- ha sido la gota que ha colmado un vaso ya bastante desbordado. NO SE PUEDE ABANDONAR A LAS VÍCTIMAS DE MALOS TRATOS. No se las puede dejar en la estacada.  Esto es ya vergonzante. 

Sí, hoy tenemos algunos recursos públicos de acogida, apoyo psicológico y todo lo que quieran. Cierto. Pero no es suficiente. 

Y la prueba de ello es que, en paralelo, ha habido unas personas -entre ellas Sagrario, una gran y valiente mujer-, que llevan desde el año 96 atendiendo a cientos de víctimas, apoyándolas, acogiéndolas a cualquier hora del día y de la noche y de la semana y del año, ayudándolas a superar el miedo y a salir definitivamente del maltrato y ofreciéndoles ese calor humano y esa comprensión única que sólo pueden aportar quienes han vivido el mismo horror: el de la violencia doméstica o de género. 



Estoy hablando de APRODEMM, la única asociación que existe en Navarra en dicho ámbito y a la que las instituciones navarras están dejando sencillamente ABANDONADA A SU SUERTE. Y con ella, a las muchas víctimas atendidas y por atender. 

¿Qué va a pasar con todas las víctimas que están tan aterradas que no se atreven ni a acudir directamente a la policía o a las instituciones y prefieren pedir ayuda primero en la asociación...? ¿O que, aunque lo hagan, necesitan el apoyo y el calor de estas mujeres -y también algunos hombres- que son el ejemplo vivo, claro y magnífico... de que se puede salir del infierno a pesar de todo? ¿Y las que acudían para recoger alimentos, ropa, juguetes para los niños, o para hacer terapia de grupo, autoestima, defensa personal...?

¿Dónde quedan ahora todos esos discursos institucionales sobre tolerancia cero contra la violencia de género o sobre prevención de la violencia...? ¿Dónde quedarán esas solemnes palabras cuando de nuevo una mujer sea violentada o asesinada...? 

Este año ni el Gobierno de Navarra ni el Ayuntamiento de Pamplona han aportado ni un euro a APRODEMM. Y ahora no pueden ya pagar ni la factura de ese teléfono que intentan tener disponible 24 horas. Y si nadie lo evita, APRODEMM se muere. Va a tener que cerrar. 

Y yo no lo entiendo, la verdad. Porque el servicio que presta a las víctimas y por tanto a la sociedad entera, no tiene precio. El dinero aportado nunca fue un gasto, sino una inversión. Más aún, una obligación ética, la que tiene la sociedad con sus miembros más vulnerables, como en el caso de las víctimas de la violencia.

¿O acaso es que esta lacra social se ha acabado? Ni mucho menos. Sigue ahí, unas veces completamente visible en violaciones y asesinatos..., otras escondido en miles de hogares convertidos en auténticas cárceles donde ninguna ley, ni legal ni ética, se respeta. 



No es, por tanto, admisible ningún recorte. 

No es justificable NI UN PASO ATRÁS. 

Ójala no tengamos que recordarlo en el funeral de una nueva víctima.

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