Nuevo año para seguir soñando

Hay que reconocer que es difícil, muy difícil, buscar, encontrar, explicar, activar, promover... alguna nota positiva para comenzar un nuevo año que se nos viene encima con más preocupación que motivación. Es más, las noticias siguen siendo desalentadoras: ya nos acercamos a los 52.000 parados en Navarra, casi 6 millones en España. Muchos ya ni cobran el paro ni ningún otro subsidio, agotados ya porque la crisis está siendo demasiado larga. 



Las ONG hablan de al menos 30.000 navarros en la pobreza extrema. Y a saber cuántas más personas y familias en riesgo de caer al abismo de la exclusión en este país cuyos políticos no atinan ni a tiros con soluciones reales, entre otras cosas, porque siguen aplicando las mismas "recetas" que se han demostrado una y otra vez totalmente ineficaces. 

Y ello aunque numerosas voces hayan advertido de su inutilidad e incluso de sus posibles efectos contraproducentes. No hace falta ser economista para prever que subir impuestos como el IVA en tiempos de crisis grave y profunda = caída del consumo = menos ingresos en empresas y comercios = aumento del desempleo. ¡Pero si ni la campaña de Navidad ha sido capaz de crear empleo en nuestra tierra...! 

Y a más paro y menos negocio en empresas y comercios = menos recaudación en impuestos también, luego menos ingresos públicos... ¿? Por no hablar de los "recortes"... O la subida de los precios en servicios básicos como la luz o el transporte público. Más de lo mismo.

Es sólo un ejemplo, pero evidente. Y una muestra -hay otras muchas- de que el rumbo del modelo político-económico que seguimos manteniendo contra viento y marea -¿por qué nos dejamos llevar...?- es totalmente equivocado. La prueba: un montón de años de crisis y sin luz alguna en el horizonte.

Hace un tiempo estudié en profundidad el modelo de la economía solidaria, y también el de la economía social. Muy interesantes... Ambas realidades siguen existiendo hoy y, lo que es más sorprendente (o no), están resistiendo la crisis mucho mejor que las empresas convencionales. 

Sería largo explicar aquí por qué y además ellas mismas, a través de sus representantes, como REAS (economía solidaria), ANEL (economía social), etc., ya lo han contado. O mejor dicho, han intentando elevar su voz por encima del griterío caótico que nos continúa machacando y que es el modelo neocapitalista puro y duro.

No se entiende el miedo de nuestros políticos por "meter mano" al sistema económico capitalista y, sencillamente, dotarle de un rostro más humano. Como vienen reclamando no pocos especialistas, es necesario HUMANIZAR LA ECONOMÍA y DEMOCRATIZARLA, si queremos realmente cambiar y mejorar este mundo en el que vivimos para que todos podamos vivir dignamente.


Claro que en ese caso algunos -quizá muchos...- tendrían que perder privilegios y... dinero. Mucho me temo que ahí está la raíz de ese no querer cambiar nada, de mirar para otro lado o de hacer oídos sordos a buenas propuestas y mejores alternativas. ¡Es que ni siquiera las escuchan, y mucho menos las ponen a prueba, a ver si funcionan...!

Lo cierto es que el cambio es necesario. No podemos quedarnos inmutables. Por supuesto, no será fácil. Nunca lo es. Pero al menos habría que intentarlo.

Si nos ponemos pesimistas absolutos, nos negamos a hacer nada y vivimos amargados. Así tendemos a la incontinencia verbal, a la depresión, a la mala leche, hasta a la violencia... Y, las cosas como son, esto no lleva ningún sitio, como mucho a una espiral de más rabia, más odios, más violencia...



Peor aún, nos hundimos en la miseria y dejamos que desaparezca la ENERGÍA, esa fantástica energía capaz de generar la alianza mente-alma-cuerpo o cuerpo-alma-mente o alma-mente-cuerpo... Como prefiera cada cual. 

Una alianza que, bien elaborada y encauzada, es capaz de poderosos cambios e increíbles mejoras... La misma, ni más ni menos, que ha motivado y promovido grandes inventos y enormes hazañas a lo largo de la historia de la humanidad..., si olvidamos por un momento horrores y errores cometidos.

Una energía que ha llevado a tantas mujeres y a tantos hombres, a superar incluso límites físicos... para darse y entregarse totalmente a los demás para humanizar hasta los lugares más inhóspitos.

Aunque a mi misma también me cueste, quiero empeñarme en SEGUIR SOÑANDO, en este 2013 ya iniciado y a pesar de los malos augurios. 

Seguir soñando en que entre todos vamos a ser capaces de descubrir en nosotros mismos esa energía, esa fuerza, esa humanidad, esa solidaridad... para salir adelante, para superar la crisis y para encontrar caminos más adecuados en favor de un mundo mejor y más justo, en el que nadie, absolutamente nadie, tenga que pasar hambre..., ni en lo material ni en lo mental ni en lo afectivo. 

Ya sé que estarán pensando muchos ahora: utopías. O sea, tonterías. Quizá. O quizá no. Tampoco lo hemos intentado. O no demasiado...  Quizá es la hora de despertar, de abrir los ojos a la verdadera realidad, que va además va mucho más allá de tener o del tener más o del no tener.

Sobre todo, más bien, quizá sea la hora de abrir bien la mente y el alma para limpiar el polvo, la suciedad, las telarañas... y dejar que entre la luz y el calor del sol -que sigue estando ahí, tras las nubes invernales-... Que pase también el viento, soplando con fuerza positiva... Que cruce igualmente el fuego de la ilusión y prenda en el corazón o reavive los rescoldos, que los hay.

Sí, ya sé: una cosa es la teoría y otra la práctica. A mi, lo reconozco, también me cuesta ser positiva, apostar por el cambio y llevarlo a cabo. 

Pero no podemos permitir que anulen todos nuestros sueños y nuestras esperanzas, a las que tenemos derecho. Y menos por culpa de ladrones, estafadores, aprovechados, injustos... y tantos otros que ya conocemos.

Es evidente que aquí faltan líderes políticos, económicos y sociales con ENERGÍA de la buena, positiva, auténtica, coherente con unos principios éticos y humanitarios.... ¿Dónde están...? Si no aparecen, tendremos que empezar a mover ficha cada uno, cada una. Es la hora, no ya de soñar, sino de comenzar a andar el camino para alcanzar nuestros sueños (los buenos).

¡FELIZ AÑO Y QUE CUNDA LA SOLIDARIDAD, LA PAZ Y LA JUSTICIA EN EL MUNDO!