Adiós a un hombre bueno

A Félix Garrido Segovia, fallecido este viernes 11 de enero, a los 75 años


Querido amigo. 

No puedo crear que te hayas ido. Hace tiempo que ya no nos veíamos tan a a menudo y sabía -percibía en ti- que tu salud era delicada. Acabo de enterarme al ver la noticia hoy en el periódico. Lo reconozco; no suelo mirar las esquelas y no vi la tuya el domingo...

La muerte es inevitable, sí, y a todos nos llega, más tarde o más temprano. Pero me cuesta aceptarlo, me cuesta creer que ya no te veré un día de éstos, por ejemplo, en alguna inauguración de nuevos recursos para los enfermos mentales crónicos por los que tanto te entregaste, incluso a costa de ti mismo. La última vez ni siquiera pude estar contigo, en la inauguración de la residencia que lleva tu nombre, el centro Félix Garrido ubicado en Sarriguren. Y ahora lo lamento tanto, porque no sabía que ya no volvería a verte... 

Tampoco recibiré ya alguna de tus innumerables llamadas en las que clamabas por "tus" enfermos, criticabas a los políticos y gestores que no hacían nada o casi nada por ellos y lanzabas alguna de esas frases célebres que quedaron a fuego grabadas tanto en la prensa como en muchos de los periodistas que te atendíamos siempre que podíamos.

Recuerdo como si fuera ayer, aquella primera entrevista que te hice en los años 90, cuando te nombraron por primera vez presidente de la Asociación en Favor de la Salud Mental (ANASAPS). Como padre de afectado y como representante del colectivo, dedicaste muchos años de tu vida a luchar por ellos, dejándote la piel. Y mucho más... 

Si había que viajar a Madrid para hablar con el ministro o la ministra de turno y reclamar, allá que ibas. Si había que darle la tabarra a los presidentes y consejeros del Gobierno foral, directores generales, partidos políticos, parlamentarios... ahí que estabas. Si había que perseguir a los profesionales médicos y sociales, estabas también ahí. Si había que salir en los medios de comunicación, de Navarra o nacionales, allí que estabas para defender a los tuyos.

Para defender, como me enseñaste, los derechos de las personas con enfermedad mental grave crónica y de sus familiares, para exigir recursos socio-sanitarios indispensables para su bienestar y para sensibilizar a la sociedad de que eran y son enfermos, no parias ni marginados ni malos ni violentos...

Y siempre con firmeza asombrosa, con voluntad férrea, "caiga quien caiga", lo que te granjeó no pocos enemigos y no pocas guerras e incluso decepciones. Para algunos, eras una auténtica "pesadilla", pero eso, por supuesto, te daba igual. Y ahí residía parte de tu grandeza como persona y como padre.

Aunque te afiliaste a un partido concreto, no te dolieron prendas en poner "verdes" a todos aquellos que no se tomaban en serio tu lucha, que era sencillamente la lucha de los enfermos y sus familias.

Y también la de un padre que quiso y quería lo mejor para su hijo, sobre todo que tuviera todas las oportunidades necesarias para disfrutar, como defendías, de una verdadera rehabilitación bio-psico-social. Y como tu chaval, los demás.

Fue tanta tu lucha y tu dedicación que acabaste teniendo que dejar de lado otras facetas de tu vida y  hasta tu propia salud se resintió. 

Teníamos pendiente, querido amigo, un café y una charla, incluso una entrevista de balance en profundidad de tan larga trayectoria... y no me di cuenta de que podías dejarnos y de que ya no habría oportunidad. ¡No sabes cuánto me duele...!

Al menos hay un centro que lleva tu nombre para siempre. Cuando lo visite, seguro que sentiré tu presencia en cada rincón. Y en cada paciente. Tú me enseñaste, hace ya más de 15 años, a entender la enfermedad mental, a respetar a las personas afectadas, a ir más allá de lo que entonces -incluso ahora- otros pensaban, decían o callaban. 

A quedarme con la persona y a comprender, además, que nadie está libre de la enfermedad... Y que la sociedad en la que vivimos tiene mucho que ver con esa ruptura, ese extraño fenómeno, que a veces, un día u otro, se produce en nuestro cerebro.

Querido amigo. Sigo sin creerme que ya no estás, porque en realidad sí estás, sigues estando, en mi memoria, en la de tus seres queridos, en la de tus amigos, en la de muchos otros, en tantas y tantas cartas en periódicos y entrevistas en los medios...

Fuiste, amigo Félix, un héroe -más anónimo que conocido, me temo-. Y fuiste, ante todo, un hombre bueno. "Fue un privilegio vivir contigo" reza la esquela que te ha puesto tu familia en el diario. 

Y qué cierto es... Fue un privilegio conocerte y charlar contigo -aquellas largas horas, se nos iba el tiempo sin sentir...-. Fue un privilegio escucharte y apoyarte en tu lucha. Fuiste un privilegio para Navarra.

Querido amigo. Me cuesta tanto despedirme... 

Seguro que un día de éstos suena el teléfono y eres tú, de nuevo, llamándome desde alguna parte llena de luz, porque sólo en la luz puedes estar ahora. 

Y yo seguiré ahí, al otro lado de la línea, en el periódico, para escuchar tu voz. Hasta siempre.

María Jesús Castillejo




1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso y fiel a la realidad, María Jesús.

Descanse en paz, Felix, has logrado muchas cosas buenas, un gran legado.