La cooperación, en peligro de muerte

No puede dejar de preocuparme la insistencia por parte del Gobierno de Navarra en mantener la mísera partida de 4,1 millones de euros para la Cooperación Internacional al Desarrollo con los países del Sur en los Presupuestos (prorrogados) de la Comunidad foral para 2014, después, además, de haber destinado apenas 5 millones de euros en 2013, y además con un "recorte" brutal del 80% en los últimos cinco años. 

La cooperación navarra, que ha sido ejemplo en toda España durante muchos años, con más de 20 años de experiencia y el tremendo esfuerzo también de cientos de ONGD, cooperantes, voluntarios, misioneros... para luchar contra el hambre, la desnutrición, las enfermedades, la falta de acceso a la educación, el empoderamiento de la mujer y de las comunidades indígenas, y un largo etcétera en cientos de países empobrecidos de los cinco contienentes... está en peligro de muerte. Y de muerte sin resurrección.



De hecho, los recortes actuales ya han afectado a millones de personas, que se han visto abandonadas a su suerte. Como aquí hay crisis, ¿allá ellos...? No puedo evitar sentir una profunda vergüenza ajena ante semejante barbaridad y pienso en los miles de niños que estarán muriendo, en las miles de mujeres que quedarán mutiladas para siempre y en los millones de seres que han quedado sin futuro alguno.

En una reciente encuesta el 90% de los navarros afirmaba que piensa mantener su colaboración con las ONGD. Un motivo más de vergüenza para el Gobierno de Navarra, que no parece escuchar la voz de sus ciudadanos. Por supuesto, ni ha preguntado. No nos ha preguntado si queremos recortar en cooperación... o en otras cosas. Ésta es la falsa democracia en que vivimos; tan sólo somos considerados verdaderos ciudadanos cuando llega la hora de votar en las urnas.

Claro que seguramente no interesa para nada preguntar a la gente, porque no iba a gustar la respuesta. Evidentemente. El último Eurobarómetro mostraba claramente que los ciudadanos europeos, incluidos los españoles, estaban por el mantenimiento de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Pero ni el Gobierno español ni los de muchas CC AA, incluida la nuestra, se muestran siquiera aludidos.

No contentos con todo ello, para justificar lo injustificable se recurre al discurso del "pobre contra el pobre", alegando que estos recortes permiten destinar más dinero a las personas más desfavorecidas aquí, en nuestra tierra, por la crisis.



Aterrador, por cuanto tiene de marcha atrás en  el trabajo de sensibilización de la sociedad, en la Educación para el Desarrollo. Tras años invirtiendo esfuerzos precisamente en lo contrario, en mostrar y demostrar que lo que sucede tiene que ver mucho con lo que vivimos cada día y que todos tenemos una responsabilidad con quienes más sufren, aquí y allá. Claro, que lo fácil es intentar precisamente enfrentar a "pobres contra pobres". Qué mejor manera de intentar desviar la atención sobre lo verdaderamente importante...

No me queda sino pedir, por favor, a los Reyes Magos de Oriente, que traigan a nuestros gobernantes un poco de luz, de solidaridad, de responsabilidad, de sentido común, de creatividad... y que hagan algo antes de que sea demasiado tarde. Antes de que millones de personas vuelvan en 2014 a sentirse abandonadas, olvidadas, ignoradas.

Ruego por un 2014 verdaderamente SOLIDARIO, por justicia social, por responsabilidad. Que a pesar de la crisis y de la necesidad de apretarse el cinturón -gobiernos y ciudadanos- tengamos un corazón grande y generoso con nuestros hermanos más necesitados.

No permitamos que nadie muera sin atención ni compañía por nuestra indiferencia. No dejemos que nadie se pudra en un rincón de África, de América Latina, de Asia... sin que al menos hayamos intentado salvarles, a través de nuestros gobiernos -es nuestro dinero, al fin y al cabo- y de nuestro propio esfuerzo. Salvarles no, mejor dicho: echarles una mano para que ellos mismos salgan de la pobreza y del olvido. 

Señores Reyes Magos de Oriente: traigan luz, por favor, a quienes nos gobiernan y deciden sobre la ayuda al desarrollo. Para que no muera. Porque si lo hace, un parte de nosotros morirá también con ella.  




3 comentarios:

Javier dijo...

Las Organizaciones No Gubernamentales no deberian financiarse con dinero gubernamental. Si el Gobierno NO supervisa y controla el dinero que da a las ONG's , muy mal. Si el Gobierno SI supervisa y controla el dinero que da a las ONG's , muy mal también. Una ONG solo podrá ser independiente de los gobiernos si se financia exclusivamente con cuotas y donaciones privadas. Y las que no se puedan financiar de forma correcta tendrían que desaparecer. Una ONG está para ayudar, no para vivir de la ayuda.

Juan dijo...

Hola Javier,
He leído su escrito y creo que hay que aclarar algunos puntos al respecto. La política de cooperación al desarrollo, ha sido y sigue siendo, a pesar de los recortes, una política “pública” lo mismo que lo es la política de sanidad, la de educación, etc. Como tal política pública, se dota presupuestariamente, con el dinero todos los ciudadanos y ciudadanas, para llevar a cabo acciones que intentan atender a las necesidades de todos/as en los diferentes ámbitos. Esas acciones, las llevan a cabo profesionales de diferentes disciplinas, capacitados, que intentan, pongamos por ejemplo, tratar un cáncer de un paciente hospitalizado, sacar lo mejor de unos chavales adolescentes en un instituto, atender unos discapacitados, o tratar la desnutrición infantil en unas comunidades rurales africanas en donde la vida o la muerte pende un hilo fino, muy fino. Esos profesionales, pueden hacerlo dentro de organismos y entidades públicas o privadas, y dentro de estas últimas las que no tienen ánimo de lucro, todas ellas especializadas en algún ámbito, desarrollan esa “política pública” y por lo tanto gestionan ese dinero público en bien de la “comunidad”. Estas entidades, cuentan por lo general con socios y donantes privados, y voluntarios/as, pero con sus aportaciones es imposible desarrollar plenamente su labor, y para ello es necesaria la ayuda pública. Según su teoría, entiendo yo, todas estas ONG, que tan loable labor desarrollan desaparecerían, lo que supondría que la atención de sus beneficiarios/as recaería sobre la “cosa pública”, y le puedo asegurar que ello supondría una mayor carga para las arcas públicas. En el caso de la ayuda al desarrollo, le aseguro que tratar la desnutrición infantil no es nada sencillo, lo mismo que facilitar el acceso a los mercados a personas con una esperanza de vida que no supera los 45 años, o luchar contra la ablación femenina, o integrar y acoger a los inmigrantes que llegan a nuestro país. ¿La “cosa pública” estaría dispuesta a desarrollar esa política en el terreno a través de personal propio? Le invito a que haga números a ver qué resulta más rentable. Los que gestionamos dinero público a través de una ONGD, le aseguro que justificamos hasta el último céntimo, y no solo eso, sino hasta el último resultado obtenido; y en cuanto a la independencia, intentamos ser independientes, fieles a nuestros principios y mandato como organizaciones, y llevar a cabo las acciones que creemos más convenientes en cada caso. Por cierto, se me olvidaba, en ocasiones también nos jugamos la vida junto a los que más sufren, y eso, se lo aseguro, no tiene precio.

Javier dijo...

El hecho de que el Gobierno de turno esté interesado en colgarse la medalla de la ayuda a los más desfavorecidos, no convierte a la cooperación en una política pública. En el mundo hay miles de ejemplos de fundaciones y organizaciones de todo tipo que fomentan el desarrollo de los más necesitados y que se financian con fondos estrictamente privados. El esfuerzo que hacen para conseguir dicha financiación privada es enorme, pero a cambio consiguen un ferreo control, una supervisión constante, una exigencia de buenos resultados, y una responsabilidad abrumadora frente a los donantes y socios. Son los buenos resultados los que determinan la continuidad de la financiación por parte de la gente. Estas organizaciones tienen una vocación de desaparición una vez superados los objetivos propuestos.
Por el contrario, lo facil es esperar el dinero de los presupuestos públicos. De esta forma el control se convierte en autocontrol puramente voluntarista. También desaparece la tensión que aporta la ausencia de financiación ante la falta de resultados. La existencia de la ONG ya no depende de la aprobación de la gente que apota los fondos, si no del reparto arbitrario del político de turno. De este modo se estimula la continuidad perpetua de la organización y se fomentan los casos de gente que pasan a vivir exclusivamente de la cooperación.