Alimentos para una vida digna

Parece mentira que en pleno siglo XXI y en una sociedad supuestamente "desarrollada" como la nuestra sea necesario poner en marcha iniciativas para recoger alimentos donados y repartirlos entre personas y familias necesitadas, como hace la Fundación Banco de Alimentos de Navarra -BAN-. Y, sin embargo, ocurre, y sucede aún más hoy a causa de esta devastadora crisis que parece no tener fin. ¿Se pasa hambre en Navarra...? ¿Se está incumpliendo hasta el derecho básico a una alimentación básica y digna? Muchos afirmarán que no, que es "imposible". Pero no estemos tan seguros. 

  Hambre, hambre... Es cierto, igual no podemos hablar de “hambre” como la que, por desgracia, sufren millones de personas en países del Sur. Como ahora mismo en el Sahel africano, olvidado casi por completo por la comunidad internacional pese a las constantes alarmas de muchas ONGD.

  Pero que puede haber, y hay, aquí, en Navarra, a nuestro lado, en viviendas vecinas, en barrios cercanos..., personas y familias con una dieta exigua, insuficiente o inadecuada, no cabe duda alguna. Y si no, que se lo pregunten al BAN y a las parroquias y a las asociaciones sociales y a los comedores solidarios -ahora en marcha otro nuevo, de Cáritas y Fundación Caja Navarra...-, que últimamente no dan abasto. 




  Y, lo que es todavía más preocupante. ¿Cuánta más gente estará sufriendo necesidades similares y calla, por vergüenza, y no reclama ayuda...? Pienso, por ejemplo, en tantas personas mayores que malviven con ridículas pensiones, a veces sin familiares -porque no tienen o porque "pasan" de ellas- que se preocupen y que velen por su alimentación. A algunas las vemos -si tenemos los ojos bien "abiertos", claro- en los supermercados; cogen uno, dos, tres productos... y nada más. Sacan el monedero contando uno a uno los euros, los céntimos, a ver si les llega.

  ¿Y que pasa con muchas madres que se quitarán -se están quitando- el pan de la boca para que a sus hijos no les falte...? Recuerdo perfectamente tiempos pasados -cuando por no haber no existía ni el subsidio de desempleo- en los que mi propia madre tuvo que hacerlo. Ella creía que disimulaba bien, pero no; al menos, no a mis ojos. Nosotros, comida en el plato, ella nada. Que “ya había comido” o que “no tenía hambre”, decía, si le preguntabas. Sí, claro. Seguro que hay muchas madres que, igualmente, “mal comen” en estos duros momentos de crisis y paro galopante, e incluso que no piden ayuda ni a los servicios sociales, ni a las parroquias, ni a nadie.


  No faltan datos. Entre 66.000 y 120.000 navarros, según estiman Cruz Roja y Cáritas, respectivamente, están al borde de la pobreza. Para muestra, un botón: ¿quién no ha visto a ciudadanos rebuscando en la basura, incluso en los contenedores de los deshechos orgánicos -los verdes-...? Yo, desde luego, nunca había visto a tantos tener que hacer algo así hasta ahora. ¿Y gente durmiendo en las calles? Es evidente que la hay y cada vez más. Y ojo, que si no son multitud es porque las familias -abuelos, tíos, hermanos, primos...- están acogiendo a unas cuantas víctimas de la crisis, haciendo encaje de bolillos para llegar a fin de mes. Y porque hay entidades sociales y solidarias, de todo tipo y color, echando una mano.

  Pero que quede claro, no es ni tiene por qué ser una vergüenza pasarlo mal. Al contrario, la crisis es culpa de todos. De unos por especular, robar, estafar... y lucrarse a costa del resto. De otros, por haberlo permitido o apoyado, o por hacer la vista gorda o por aprovechar para derrochar sin límites  ni miramientos. O simplemente, por no hacer nada. Vergonzoso es, por el contrario, seguir mirando hacia otro lado, como si el sufrimiento de los demás no fuera con nosotros.

  La solidaridad con el otro, y especialmente con el más desfavorecido o vulnerable, no es un “regalo” ni una "limosna" de quienes más pueden o tienen, ni tampoco solo de cuando podemos y tenemos... más o mucho.La solidaridad es una exigencia, una responsabilidad, ética -al margen de religiones e ideologías- que mana de la dignidad innegable de toda persona y por ello de su derecho a una vida digna. Y la solidaridad es también un actitud vital, que nace de la indignación profunda ante las desigualdades del mundo y el sufrimiento de las personas y del derecho que todos tenemos a soñar por un mundo más justo, equilibrado y sostenible.


  No hay verdadera sociedad sin solidaridad. Y cuando digo "sociedad" incluyo, por supuesto, a todos y a todas: desde las Administraciones hasta las empresas, pasando por las asociaciones y ONG de todo tipo y llegando hasta los ciudadanos de a pie. Sin excepciones, sin excusas.


  Es más, me atrevería a decir que no hay democracia verdadera sin solidaridad, individual y colectiva. Y, si me apuran, creo, estoy convencida, de que lo que distingue al ser humano del resto de los seres vivos no es ni la inteligencia -o las inteligencias, según señalarían algunos-, ni la creatividad, ni la espiritualidad..., sino la solidaridad -con el otro-.




  Muchos navarros así lo entienden y hacen lo posible por echar una mano y poner su granito de arena. La 'Gran Recogida Navarra' es una oportunidad, otra más, para ejercer la solidaridad. Y además con alegría. 


  Porque la solidaridad alegra el corazón, el de quien colabora y el de quien recibe. Más incluso el del primero. Lancemos, por tanto, un poco de alegría a los cuatro vientos en medio de este temporal triste e inhumano de crisis, pesimismo y desesperanza. La solidaridad es también una oportunidad para todos de ser mejores, de crecer en humanidad y autenticidad. Emprendamos todos -ahora que se habla tanto de “emprendimiento”- en solidaridad.


María Jesús Castillejo es periodista y Máster en Educación para el Desarrollo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien, pero quienes de verdad pueden cambiar el rumbo de las cosas no te hacen caso. Igual que nos manifestamos contra los recortes deberiamos hacerlo contra el reparto injusto de la riqueza a nivel mundial

jesús dijo...

No solamente la solidaridad, que es una forma de paralizar sin querer entender el problema, y que todas les damos la espalda o comentamos que difícil es, solamente los países que fueron capaces de sacudirse el fondo monetario internacional, son capaces de avanzar y dejar el hambre atrás, si no apuntamos con el dedo que el mayor exterminador del hombre mujeres y niños es el capitalismo, estaremos como siempre, pidiendo solidaridad, pero no denunciando a los que provocan las muertes por hambre en el mundo.

Mª Jesús Castillejo dijo...

Tenéis razón, pero ojo, la verdadera solidaridad reclama justicia y conlleva una denuncia clara de las injusticias y desigualdades, y, por supuesto de sus causantes. Saludos.

Anónimo dijo...

Y es cierto pero mientras tanto y en situaciones como ésta la gente tiene que comer y no puede esperar a que el mundo se arregle. Saludos