No nos olvidemos del Sur

Medicus Mundi Navarra, una de las ONGD decanas de nuestra comunidad, ha presentado su balance de actividades durante el 2011, en el que atendió a 2 millones de personas en 8 países de África y Latinoamérica. Ello me recuerda que últimamente, nos estamos olvidando mucho, demasiado, del Sur. Estamos tan metidos en nuestro ombligo que no vemos más allá, a pesar de la supuesta "globalización" y de tantas nuevas tecnologías que nos permiten saber, en tiempo real, lo que ocurre en cualquier lugar del mundo.

La crisis económica, como ya han señalado no pocos expertos, está siendo también una crisis de valores. Nos estamos jugando no sólo nuestro futuro, sino también el futuro de todos. No estamos siendo capaces de mantener e incluso incrementar la solidaridad con el otro, con los otros, de pensar más en el bien común que en el individual. No somos o no queremos ser conscientes de que, además, con esta actitud nos estamos olvidando de la vida de tantísimas personas -19 millones en peligro de muerte por hambruna en el Sahel africano, por ejemplo-, sino de que, como todo está interconectado, nos guste o no, la insolidaridad acabará volviéndose contra nosotros. 

¿Hace falta recordar que los extremismos radicales -religiosos, políticos...- encuentran buen caldo de cultivo entre la pobreza, la desesperanza y el dolor de ver sufrir y morir a seres queridos...? ¿O que la inmigración es producto de la pobreza y la desesperación...?



Cuando hablo en plural, me refiero tanto a nosotros, ciudadanos y ciudadanas de a pie, como a nuestros responsables políticos que, por desgracia, no han dudado en meter enseguida la tijera en la ayuda oficial para la cooperación al desarrollo -también en Navarra- con la excusa de la crisis. No parece muy humanitario ni solidario ni ético... plantear que "como aquí ahora estamos muy mal", allá que se las apañen como puedan. 



Claro que aquí hay mucha gente que lo está pasando mal, muy mal. Pero no podemos compararnos con, pongamos por caso, los niños que están muriendo por desnutrición, malaria, etc. en África. Leo en un blog de El País cómo en Mauritania una madre comenta, tras pasar por un programa de ayuda alimentaria de Unicef: "Mi hijo ya no come arena".

Y a mí, personalmente, se me cae el alma a los pies. Por favor, no nos olvidemos de ellos, del Sur, de quienes están mucho peor que nosotros. ¡Qué fácil es ser "solidario" en tiempos de bonanza y bienestar...! Pero la verdadera solidaridad ni conoce fronteras ni crisis ni excusas de ningún tipo. La verdadera solidaridad es una responsabilidad ética inquebrantable que no puede depender de los vaivenes económicos, individuales o colectivos, ni de modas momentáneas o dramatismos baratos al hilo de desastres puntuales.

Como mínimo, tenemos que exigir a nuestros representantes políticos -y a todos los partidos, gobiernen o no- que dejen ya de recortar la ayuda al desarrollo (AOD) y que retomen el camino de la solidaridad bien entendida. Y, desde luego, que empiecen a plantearse de una vez la necesidad de un cambio de modelo económico y social en vez de seguir con las mismas recetas de siempre. ¿O acaso la crisis no demuestra el fracaso del modelo actual?

Además, no podemos olvidar a los miles de misioneros y de cooperantes (expatriados o locales) que, de la mano o con el apoyo de ONGD u otras entidades sociales y solidarias, luchan en el Sur contra la pobreza y las enfermedades, la falta de acceso a la educación y a la salud, la violencia machista e incluso institucional y un largo etcétera, poniendo en riesgo incluso sus propias vidas... ¿Vamos a dejarlos solos?




Rescate de Gracia, posible rescate de España, prima de riesgo, dinero para la banca... Y yo me pregunto, ¿quién rescatará a las gentes del Sur? ¿Quién librará a millones de niños de una muerte anunciada? ¿Quién evitará que tengan que comer arena para no llorar de hambre, de hambre de la de verdad...? ¿Quién luchará para que en muchos países dejen de "desaparecer" niñas y mujeres, robadas para la prostitución y otras barbaridades?  ¿Quién consolará a los familiares de los miles de asesinados en conflictos olvidados...? ¿Quién atenderá a los millones de refugiados que han tenido que abandonar sus hogares, dentro o fuera de sus países...?

Y la lista, de seguir, sería eterna. No nos olvidemos, por favor. No hay peor insolidaridad que el olvido y la indiferencia. Pongámonos en su piel e imaginemos a nuestros propios hijos comiendo arena.


María Jesús Castillejo es periodista y Máster en Educación para el Desarrollo