NO a la desesperanza


Hablar del suicidio, hoy en día, sigue siendo tabú. Por un lado, por el miedo al "contagio" -aunque no está muy claro que éste sea real porque alguna vez haya pasado-. Por otro, porque cuesta entender -al menos a mucha gente le cuesta- cómo alguien puede quitarse la vida, a pesar de los pesares, dado nuestro ancestral miedo a la muerte, sin contar otros elementos ideológico-religiosos que también pesan.

Sin embargo, resulta que existe algo llamado "desesperanza". Cuando la desesperanza se apodera de nosotros y nos devora, cuando la ilusión nos abandona y nos deja rotos, cuando no encontramos sentido a nuestro vivir, cuando las fuerzas nos faltan y nos fallan -cansados de luchar y de sufrir- cuando nos sentimos absolutamente perdidos, cuando el mundo nos roba lo más preciado... la muerte se percibe simplemente como un descanso, una liberación. 

No digo que ello esté bien. Sólo intento explicar, en mi humilde opinión, lo que hierve en el alma humana cuando una persona opta por algo tan duro, tan extremo, tan terrible... como es quitarse la vida.


Por supuesto que no podemos permitir, en la medida de todas nuestras posibilidades, que nadie sea robado por tal desesperanza que no encuentre otra opción. 

Porque la vida es, efectivamente, lo más preciado. En realidad lo único que tenemos de verdad, lo único que es nuestro y sólo nuestro. Es, además, un derecho. 

Y porque al tomar tal decisión destrozamos a las personas que nos quieren y, es cierto, no tenemos derecho a hacerles tanto daño, especialmente a algunas de ellas (hijos/as, madres/padres, parejas...).

Y porque, en el fondo, es tirar la toalla definitivamente y muchas veces, la mayoría de las veces seguramente,  aún quedaba algún resquicio de luz...



Nada, absolutamente nada, vale más que una vida. 

Ni siquiera nuestra vivienda. 

Pero, desde luego, lo que no puede ser es que mientras aguantamos una de las peores crisis que ha sufrido nuestro país desde hace décadas; con el paro más alto que yo, al menos, no había conocido nunca,;con cientos y hasta miles de especuladores y ladrones causantes al menos en parte de esta situación y que se han ido de rositas..., encima bancos y cajas se dediquen a echar de sus hogares a personas y familias sin la más mínima solidaridad. Y los políticos, todavía discutiendo entre sí qué hacer o no hacer...

Qué quieren que les diga, pero yo estoy pensando ya en cambiarme de entidad bancaria. Y marcharme a la banca ética, que la hay (aquí, Fiare).

Porque esto ya no es una vergüenza, es una matanza.  Y ojo, que los que salen en los periódicos -muy pocos- no son los únicos que se están matando a causa de la crisis. Nadie quiere hablar, nadie quiere dar cifras. Pero están ahí. Personas de toda edad y condición robadas por la desesperanza más cruel.


No podemos permitirlo. Es hora de cambiar el rumbo de una vez. No sólo se trata de parar los desahucios, de cambiar las leyes, de cambiar el modelo económico y social y el modo de vida..., que también. Es la hora de recuperar la ilusión, la alegría, la esperanza. Porque sin ellas no sabemos vivir.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuanta razon tienes