Juntos SUMAMOS

Hace unos días se presentaba públicamente en Pamplona una iniciativa conjunta por parte de unas 150 organizaciones que agrupan el denominado “Tercer Sector Social de Navarra” y que incluye a 'entidades singulares' -que gozan de especial protección en nuestro país- como son Cáritas, Cruz Roja y ONCE, junto con varias redes sociales: la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social -en la que se integran ONG sociales como el Banco de Alimentos o Fundación Gaztelan, por citar algunas-; el CORMIN -personas con discapacidad, familiares y amigos-; la Coordinadora de ONGD de cooperación al desarrollo con los países más desfavorecidos; y la Plataforma Navarra del Voluntariado.

Representantes de todas estas organizaciones y redes comparecieron para reclamar a la Fundación Caja Navarra una Obra Social “fiel a los principios fundacionales” que tuvieron las cajas en sus inicios, en favor de los colectivos más vulnerables. También, para solicitar mejoras en el Fondo del 0,7% del IRPF, es decir, el que se obtiene cuando el ciudadano elige en su declaración de la renta la casilla para la Iglesia, los fines sociales o ambas cosas al mismo tiempo.

Junto a estos temas, importantes por supuesto, destaca especialmente la referencia pública, por primera vez, a un frente unido por parte del Tercer Sector Social, es decir, de la mayor parte de las ONG, organizaciones y redes sociales y solidarias que trabajan en la Comunidad foral por los más desfavorecidos, tanto de aquí como de los países del Sur.

Todo ello a pesar de las muchas diferencias que existen entre tantas entidades, como es lógico, tanto por cuestiones ideológicas como por diferentes estrategias de trabajo, así como volumen, funcionamiento, con presencia o no de profesionales, con o sin voluntarios... 

Es cierto que parece que se trata de un camino apenas iniciado y se desconoce cual será su evolución en el tiempo. No falta la incertidumbre de si ese frente común seguirá unido, al menos para ciertos temas de especial interés. Porque ahí reside la clave: que hay cuestiones prioritarias que unen a todas estas organizaciones y que son lo suficientemente importantes como para intentar superar aquellas otras que las separan.

Corren malos tiempos, los peores. La prolongación de la crisis económica que sufrimos desde hace ya seis años está golpeando muy duramente. Tanto a quienes ya se encontraban en situación delicada como a otras muchas personas y familias que se han visto abocadas al drama del paro, el fin de los subsidios, los desahucios, el tener que acudir a solicitar -por primera vez en su vida incluso- alimentos, ropa, dinero para pagar el alquiler o la hipoteca...

Al mismo tiempo, han ido adelgazando enormemente los presupuestos públicos, y con ello, no pocos servicios y prestaciones para todos los ciudadanos, incluidos los más vulnerables. 

Para colmo, lo mismo ha ocurrido con las organizaciones sociales y solidarias, que han visto reducida la financiación pública, al tiempo que tienen que atender más y más demandas de socorro de ciudadanos y familias en grave dificultad.


Por todo ello, no cabe duda de que una manera, quizá la única, de seguir hacia adelante, de sobrevivir y de ganar en definitiva, puede ser la de vía de sumar esfuerzos, de unir a un sector fragmentado y variado pero que ha realizado y está realizando una gran aportación a la sociedad.

Porque, ¿qué pasaría si, en esta terrible situación de ausencia de trabajo -incluso de nuevos puestos destruidos- y de recortes públicos, de pronto, organizaciones como Cáritas, Cruz Roja, asociaciones de discapacidad y dependencia, la Red de Lucha contra la Pobreza, el Banco de Alimentos y un largo etcétera dejaran de funcionar? 

¿Quién atendería a los miles y miles de ciudadanos -también niños y niñas...- agobiados, necesitados, machacados... por la falta de empleo, de prestaciones, de servicios... y además, no lo olvidemos, perseguidos por la desesperanza...?

Yo, al menos, no puedo imaginarme un escenario semejante. Creo que el caos total no ha llegado a nuestro país a pesar de la grave crisis porque, en primer lugar las familias y en segundo lugar las entidades sociales y solidarias -a veces, ya al revés-, están paliando sus efectos y evitando la fractura social. También las Administraciones, lógicamente, aunque con una debilidad cada vez mayor.

La pregunta es hasta cuándo podrá mantenerse este panorama si no empezamos a ver luz en el horizonte. Y pronto. Pero intentemos ser positivos. Y, por tanto, unamos esfuerzos.Seamos solidarios. 

Porque juntos sí podemos.


María Jesús Castillejo es periodista y Máster en Educación para el Desarrollo

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